Membrana pupilar persistente

La membrana pupilar persistente no supone un gran riesgo para la visión, suele ser leve y asintomática, mientras que en los casos más graves donde la pupila está deformada la operación está indicada y los resultados son mayormente excelentes.

Si te interesa saber porqué llora el ojo, te podría resultar útil pasar por la entrada con información sobre el Hipopion.

Imágenes de casos reales, MPP en humanos

Membrana pupilar persistente encontrada al buscar opacidades en los medios transparentes del ojo.
Otra segunda membrana pupilar persistente al buscar opacidades en los medios transparentes del ojo
membrana pupilar persistente al pasar por el autorrefractómetro

Las molestias temporales se resuelven con medicación leve, gafas de sol y gafas graduadas si hubiera que corregir algún defecto de refracción residual tras la intervención.

El paciente puede generalmente hacer una vida normal a pesar de tener una membrana pupilar persistente, pues apenas afecta a la percepción visual salvo casos puntuales.


¿Qué es una membrana pupilar persistente?

Durante el proceso de desarrollo del embrión, cuando se forman las capas correspondientes al iris y su musculatura, hay una membrana que se pliega y desaparece para poder dejar pasar la luz.

Pero en algunas ocasiones, antes del tercer mes de vida, esta membrana no termina de desaparecer completamente, dejando una serie de fibras cuyos restos llamamos membrana pupilar persistente.

Estos restos son epitelio pigmentado, sin vasos sanguíneos, suelen encontrarse atravesando la pupila de lado a lado, se encuentran con facilidad en exámenes rutinarios.

Suelen ser muy finos, delgados y lineales, en ocasiones aparecen colgados de la estructura principal del iris, o unidos al mismo por pequeños puentes de tejido avascular.

Toda las estructuras afectadas por la membrana pupilar persistente, provienen del neuroectodermo y mesodermo, como por ejemplo las partes de las que deriva el iris y su epitelio, los músculos esfínter y dilatador de la pupila, etc.

Aunque es algo raro en humanos, porque apenas afecta un pequeño porcentaje de la población, en otros animales se encuentra con cierta frecuencia, como en el caso de los perros.

Síntomas

No impiden la visión cuando son tan finos, de hecho apenas afectan a la refracción, aunque si producen un efecto de esparcimiento mayor si están pegados al cristalino que si están adheridos aún al iris.

Gracias al humor acuoso y al humor vítreo estas células pueden continuar sus ciclos sin problemas y se puede tener una membrana pupilar y ser completamente asintomático.

Por otro lado, si la membrana es muy densa y apenas deja pasar la luz, se recomienda la cirugía para evitar una ambliopía.

Porque si tapa parcialmente la pupila o la obtura directamente, el riesgo de provocar graduación, ojo vago, etc es muy alta, convirtiéndose en una prioridad para el desarrollo del sistema visual del paciente.

Los síntomas en caso de haberlos no tienen porqué solucionarse con gafas, ya que la dispersión de la luz, aunque podría ser menor con una graduación que con otra, o con diferentes tipos de lentes, no afectan significativamente al grueso de luz que atraviesa y se ve afectada por el obstáculo que representar esas partículas haciendo “scattering” o efecto tyndall.

El efecto Tyndall trae de cabeza a muchas personas que tienen segmentos o pequeñas porciones de epitelio de iris pegadas en el cristalino, porque al dispersar la luz, notan las proteínas que forman coloides en la cámara posterior del ojo, delante de la retina.

Las proteínas son partículas en suspensión en el humor vítreo, que provocan que la luz cambie de dirección y forme sombras en lugar de dirigirse toda hacia el mismo punto de la mácula (es la zona con mayor resolución de todo el ojo).

Este efecto del que hablamos es especialmente molesto cuando se produce con el sol a baja altura, ya sea al alba o al anochecer, y se recomienda llevar unas gafas de sol con tratamiento antirreflejante en cara interna, y polarizadas, para que la luz reflejada en lagos, mares o espejismos de la carretera afecten lo menos posible a la conducción y a la visión del paciente.

Tratamiento

Salvo en los casos donde se debe operar para evitar la ambliopía, no suele ser necesaria la intervención quirúrgica en la membrana pupilar persistente en humanos.

La intervención puede ser laboriosa si hay que diseñar el proceso, éste suele consistir en eliminar la membrana y reconstruir la mayor parte del iris posible, dejando la pupila tan limpia como lo permita la situación para que no afecte a la visión.

En caso de tener que operar de cataratas y estar afectado el cristalino, se estirpa la parte sobrante de iris y se reconstruye la pupila si se ve afectada, después se sustituye la lente del cristalino por una lente intraocular que corregirá el error refractivo que pudiera tener anteriormente, tanto si se trata de no ver de lejos, como de no ver de cerca, hay soluciones para todos los problemas que se plantean en estas distancias.

El otro tipo de intervención posible es en caso de glaucoma, que a criterio del profesional que lleve el caso, podría derivar en la operación anterior o una incisión en el Iris (Iridectomía) mediante un láser YAG para liberar de presión el ojo.

Preguntas frecuentes

La pupila no es una membrana

Efectivamente, la pupila es un orificio delimitado por el músculo esfínter del iris, que regula el paso de luz al interior del ojo. La única membrana importante del ojo a nivel macroscópico es la conjuntiva, que recubre la parte blanca del ojo (la esclera).

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